UNOS DÍAS MAGNÍFICOS EN UNAS MONTAÑAS DE ENSUEÑO

A finales de agosto, nuestro socio «Gelo» García y sus amigos, Eduardo Valero, Pablo de la Cruz Díaz y Antonio Cruces, disfrutaron de unos días en los Dolomitas, cadena montañosa de los Alpes Orientales incluida en la UNESCO. A continuación os detallamos su diario de viaje gracias a sus fotografías y descripción detallada de sus pasos.

Aunque su destino se encuentra al Norte de Venecia, al resultar más económico, deciden volar desde Santander a Bérgamo y desde allí desplazarse en coche de alquiler, haciendo de Perarolo di Cadore, su «centro de operaciones» donde alquilan un apartamento, a unos 35 Km de Cortina d´Ampezzo, capital de la zona.

El primer día de actividad ascienden a La Civetta (3220 m). Desde el Refugio de Palafavera (1530 m) en cuyas cercanías dejan el coche, se asciende por pista y sendero hasta el Refugio Coldai (2135 m) tras recorrer un sendero (con algún tramo de fácil trepada equipado con cable) inician la ferrata degli Alleghesi. Esta vertical ferrata, tras unas tres horas y unos mil metros de ascenso, les conduce a la cima de esta montaña. El descenso lo hacen por la vía normal, pasando por el Refugio Torrani ,nido de águilas a casi 3000 mts, con algunos tramos delicados equipados con cable. Una maravilla las vistas al atardecer, descendiendo de la cumbre, nos cuentan.

El día siguiente se desplazan hasta el Parque de Tre Cime di Lavaredo (entrada 30€ por coche) aparcando en el Refugio de Auronzo. Tras rodear las famosas moles de piedra por el Sur y Este, llegan al Refugio di Lavaredo y desde poco más allá inician la ferrata de la Forcella en el Monte Paterno (2.746mts ). La bajada la hacen por la ferrata Innerkofler, hasta el Refugio Locatelli. A parte de la magnífica actividad montañera, esta zona tiene un trágico interés por lo que significaron los duros enfrentamientos y movimientos de tropas durante la Primera Guerra Mundial, que están en el origen y razón de ser de las ferratas, a las que hoy damos, afortunadamente, otro uso. Tras rodear por el Norte las Tres Cimas, pasando por el Refugio Malga Langalm, finaliza el circuito en el Refugio di Auronzo.

Su siguiente jornada les lleva a Zopé di Cadore y tras dejar el coche, ascienden por pista y sendero al Refugio Venezzia. Desde allí comienzan la ascensión al Monte Pelmo (3.168 mts) que, no sin motivo, por su forma y majestuosidad, se conoce como «el trono de Dios». Siguen la vía normal, que transcurre primero por una serie de «escaleras» de piedra, para luego internarse en la vertiginosa «cegna di Ball» o repisa de Ball por el montañero británico que lo ascendió por primera vez haciendo uso de este impresionante paso. Una vez superada ésta, con los pasos más expuestos equipados con tramos de cuerda, se asciende por pedrera y superando varios resaltes (I y II) se alcanza el Vant o circo superior, que se cruza en dirección O hasta llegar a la cresta. Esta se ha de ir ascendiendo en dirección N-NE, con algún paso aéreo, pero no difícil (II+). La bajada por el mismo itinerario, volviendo a recorrer la «cegna di Ball», contemplando los 600 metros de espectacular vacío. De regreso, tras pasar de nuevo por el Refugio Venezzia, toman un precioso sendero que, a través del bosque, conduce a Zopé di Cadore.

El domingo 25 ascienden a la Punta Fiames 2240 m, situada muy próxima a Cortina d´Ampezzo, usando la popular ferrata Strobel. Se trata de una ferrata de dificultad media con algunos tramos espectaculares, bien equipados, que conduce hasta la misma cima, con excelentes vistas sobre Cortina y las Tofanas.

Y para dar un buen final a esta escapada a Dolomitas, en su última jornada se dirigen al Refugio Dibona (2083 m) hasta el que se puede llegar en coche (tramo de pista). Está situado al Sur de su objetivo: La Tofana di Rozes (3.225 m). Esta hermosa montaña que forma parte de un grupo montañoso conocido como las Tofanas, al NO de Cortina d´Ampezzo. La ascienden combinado dos ferratas, La ferrata del Castelletto y la ferrata Lipella. La primera supone acceder por una pared vertical a una galería de antiguo uso militar en la Gran Guerra por la que irán cogiendo altura. Tras salir al exterior, realizar un flanqueo y cruzar algún nevero, comienza la aérea ferrata Lipella, bien señalizada y bien equipada, pero prácticamente solo con un cable de vida. Se trata de una ferrata larga y con mucho «ambiente», que exige resistencia y estar habituado al vacío. A medio camino existe una vía de escape (Tre Dita 2.700m ) que conecta con la ruta normal de ascensión. Ellos deciden seguir por la ferrata que les reserva su tramo más difícil, y que, muy cerca ya de la cumbre, finaliza en un sendero que conduce a la cruz de la cima. Bajan por la ruta normal, que no ofrece dificultades.

Unos días magníficos en unas montañas de ensueño. Nos recomiendan.

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